¿QUIÉN DIVIDE LA IGLESIA?

 

     Boletín de la asociación “Nosotros somos también la Iglesia” 2004

 

 

 

   

 

 El padre Benny Blumensaat, sacerdote católico de Esbjerg, deplora en una carta dirigida al diario danés “Kristeligt Dagblad” que haya católicos que se oponen al Papa, que se oponen al obispo (sólo hay uno en Dinamarca) y que no estén de acuerdo con la fé y la enseñanza católicas. El padre Blumensaat hace así alusión al movimiento de base “Somos también la Iglesia” que él considera como la expresión de una revuelta que no hará más que aportar nuevas divisiones en la Iglesia.

 

Como este movimiento es una red informal de católicos desilusionados, no puedo que hablar más que en mi nombre. Pero he aqui algunas materias que me parecen cruciales:

 

  • que durante años, el Papa, la curia y los obispos hayan cerrado los ojos sobre los abusos sexuales infligidos a menores por sacerdotes, monjes y religiosas y que con poco entusiasmo hayan aceptado cooperar con las autoridades civiles en las encuestas sobre estos crímenes

 

  • que rechacen ver cómo el celibato obligatorio de los sacerdotes en el mundo occidental ha sido un imán para la homosexuales (ver por ejemplo el escándalo actual en Austria)

 

  • que los sacerdotes estén obligados a firmar el juramento anti-modernista, que les hace en principio renunciar a todos los concimientos adquiridos por las ciencias naturales y sociales estos 200 últimos años

 

  • que teólogos, profesores y escritores puedan ser perseguidos secretamente por el Vaticano sin conocer los nombres del procurador, del defensor y del juez (ver por ejemplo el caso de Hans Kung)

 

  • que la concepción bíblica de la Iglesia, formulada por Vaticano II se haya obvidado o incluso directamente contra-atacado por la dirección actual de la Iglesia

 

  • que la Iglesia sea gobernada de arriba abajo por hombres que como todos los dictadores distorsionan la ley según su buen placer (ver por ejemplo la canonización de la Madre Teresa); y exigen de sus “sujetos” una obediencia ciega y una disciplina de robot

 

  • que los responsables de la Iglesia apoyan a dictaduras (ver por ejemplo la amistad del Papa actual con el general Pinochet de Chile)

 

  • que los responsables de la Iglesia rechacen las medidas que podrián impedir a la gente del Tercer Mundo morir de enfermedad, de hambre y de pobreza

 

  • que la ejecución de criminales y las guerras, por las que se matan miles de personas inocentes, sean considerados como plagas morales de menor importancia que el aborto o la eutanasia (cf. la carta del cardenal Ratzinger a los obispos americanos, publicada en “L'Espresso” del 3 de julio 2004)

 

  • que la observancia de principios legalistas sea más importante que la vida de seres humanos (cf. la carta del vicario general Lars Messerschmidt en el número de 3 de julio 2004 de “Kristeligt Dagblad”)

 

  • que las mujeres sean tratadas como católicos de segunda clase en la Iglesia y consideradas en general como seres humanos de segunda clase

 

  • que los laicos deban aceptar no tener ninguna influencia, incluso en las materias donde su competencia y su experiencia son superiores a las del clero (por ejemplo en política familiar)

 

La lista es larga y podría fácilmente completarse, en particular añadiendo cuestiones históricas como por ejemplo el anti-semitismo del papa Pio XII y su simpatía por los regímenes fascistas, o las manipulaciones y falsificaciones que condujeron a la declaración sobre la infalibilidad del papa en el Concilio Vaticano I en 1870.

 

La crisis actual de la Iglesia católico es una crisis de credibilidad. Ella toma sus raices en los conceptos de la esencia de la Iglesia.

 

¿Es la iglesia primero una institución religiosa legalista o una comunidad socio-religiosa de seres humanos?

 

¿Es ella exclusivamente el papa y los obispos o es ella la totalidad de los creyentes?

 

¿Sus líderes, que sea a escala global o local, deben practicar una política en provecho de la institución o una política que tiene su sentido en el interés de las necesidaded religiosas y sociales de los creyentes?

 

Estas controversias, presentadas aquí de forma simplicada, están lejos de ser nuevas. Discusiones semejantes sobre la Iglesia tuvieron lugar al final de la Edad Media. Entonces también época el papa y la curia no oyeron las protestas y no cambiaron nada a estas posiciones criticas. Se conoce el resultado de esta sordera papal: la reforma luterana.

 

Si el papa actual y los obispos no escuchan la aspiración, sólidamente anclada, de reformas fundamentales en la Iglesia, tal que expresada por católicos inquietos, se puede temer una nueva división tan seria como en el pasado de la Iglesia. Tal temor ha sido expresado por el notable teólogo americano, Paul Lakeland, en su último libro titulado: “The Liberation of the Laity. In Search of an Accountable Church” (Continuum, New York, 2002).

 

En lugar de criticar el movimiento de laicos “Somos Iglesia”, el padre Blumensaat debería alegarse por esta situación. Ya que los miembros del movimiento no hemas dejado la Iglesia. Al contrario de 30.000 católicos daneses que lo han hecho en los últimos 30 años (un pérdida de 50 %).

 

Tradución: Aitor Orube

 

 

 

 

 

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